Los patrones son formas de conducta o comportamiento, además de un modo de referirse a un determinado nivel de jerarquía. De todos es conocido, gracias a la serie televisiva El patrón del mal, el significado del término y a quién se refería en concreto en la Colombia de los años 80 y 90. También es muy habitual, por otro lado, que los jefes o personas al mando en organizaciones desarrollen patrones oscuros para llevar a cabo su labor. En política es lo habitual, pero no solo, también en el mundo de las empresas resulta algo sorprendentemente común. Es decir, jefes o líderes oscuros que perfilan patrones oscuros.
Pensaba esto porque hay determinadas empresas que, incluso vulnerando las leyes y normas que defienden al consumidor, persisten en sus actitudes contrarias al derecho de los clientes. No son una o dos, pero entre todas, destacan las que se dedican a servicios de reservas de viajes y hoteles. Yo ya tuve con una de ellas un vaivén de intentos de fraude encubierto y líos varios. En concreto, con eDreams, y por lo que he revisado en la red no han cambiado. La intención detrás de sus formas o, como decía antes, de sus patrones de relación con el cliente, es claramente perjudicial para este y a cambio ellos se benefician y le sacan la pasta a la peña de forma borderline cuando no ilegal.
Los patrones oscuros se basan en la cantidad de víctimas potenciales de actos fraudulentos disponibles, ya que superan con mucho el típico miedo de las empresas a perder clientes o reputación. De hecho, si uno mira las opiniones en internet de estas empresas, comprobará la cantidad de damnificados que se ciscan en sus madres y antepasados. Lo que sorprende ante este hecho, es que además desde las empresas responden con la chulería y el desdén que proporciona el saberse bastante impunes. Las respuestas de atención al cliente suelen ser algo así como: «Te jodes como Herodes, o también te jodes y bailas».
Recientemente se aprobó en España una norma por la que darse de baja de una suscripción debe ser tan fácil —es decir por el mismo medio— que darse de alta. Esto se incumple y dificulta sistemáticamente. Más o menos darse de alta es tan fácil como mear en el campo, mientras que de baja resulta tan complicado como subirse la cremallera de la bragueta con las manos atadas a la espalda. Enlaces que no existen en la web y que remiten a teléfonos donde te atiende una locución inacabable hasta que decide cortarse la llamada etc. Eso sí, mientras tanto, los datos de pago no los puedes eliminar. Te han pillado la visa por el escroto y te la van a calentar con suscripciones recurrentes si no la anulas en el banco.
Se trata de empresas trileras como la ya mencionada. Que, además, ubican sus call center en Indonesia del sur o por allí alrededor para escapar a todo tipo de acciones inútiles de la OCU española y de chiringuitos o asociaciones de primos hermanos de la OCU. Lo mejor, desde luego, es no dejarse pillar por los anuncios de todo tan fácil y todo tan barato, porque como dice el refrán: al final, lo barato sale caro.
