Un año más se acaba de celebrar la ceremonia de los Premios Goye, en los que se premia a una nutrida representación de las artes escénicas. Gentes del mundo del cine, la crítica, la prensa y hasta la clase política se reúne en una noche mágica. Mágica porque no solo se celebran los éxitos, sino como ya viene siendo costumbre se reivindican desde la creatividad los valores sociales y democráticos que todos compartimos. Sé que hay una parte de la sociedad que esto no lo comparte, pero a pesar de todo, es necesario visibilizar por parte de quien puede hacerlo, las enormes injusticias que padecemos y los tiempos oscuros que casi todos vemos.
Este año, como es lógico, se ha hecho referencia al derrocamiento del dictador bolivariano Nicolás Maduro. Un sátrapa que usurpando las elecciones del pueblo venezolano y mediante tortura, secuestros y asesinatos, ha sometido al país durante décadas a una brutal represión desde el seno de una organización narco-estatal. Y, como no podía ser de otra manera, se ha ensalzado el Premio Nobel de la Paz de Maria Colina Machado. Una luchadora valiente, mujer, y comprometida con la democracia en su país.
Quizá uno de los momentos premonitorios de lo que iba a suceder esa noche fue cuando el auditorio, preso de la tristeza, recordó las 40.000 personas asesinadas en Irán hace pocas semanas: mujeres, niñas, niños, niñes, por cualquier cosa. Asesinados por homosexuales, por no querer someterse a la tiranía del burka, por gritar ¡LIBERTAD! Fue un momento de epifanía, una revelación de que el mundo entero debería apoyar la caída del régimen iraní y sus tiranos.
Aún así, la comunión general estaba por llegar. Un gigantesco auditorio de pie con las manos levantadas recordando a las víctimas de nuestro terrorismo patrio. Clamando porque los asesinos pidan perdón, colaboren con la justicia y cumplan sus penas. Fue un momento épico, inolvidable diría yo. Una tremenda manifestación de decencia del mundo artístico, que de ese modo se manifiesta libre, no dependiente de dictados ni de platos de garbanzos públicos: gente auténtica como corresponde.
Por eso me gustan cada año más los Premios Goye. Porque vamos avanzando en el camino correcto. Sé que a todo el mundo no les gusta, e incluso que hay quien prefiere otros premios como los Goya, con su gigantesco premio que se cae por su propio peso. Sin embargo, a mí esos premios y esa gala no me importan un pimiento. De hecho, ni recuerdo haberlos visto en los últimos 40 años, ni por lo que me cuentan, me interesa un carajo lo que en ellos se dice.

No he visto la ceremonia de los Goya, creo que nunca. Me aburren las ceremonias de entrega de premios. Tampoco los Oscar o los Globos de oro, pero soy fan absoluto de los monólogos de Ricky Gervais en estos últimos. Eso no quiere decir que no vea algunas de las películas premiadas en Los Goya. Acabo de ver Los domingos y me ha interesado, lo que es bastante.