Torpeza histórica

          Llevamos un tiempo asistiendo a la torpeza histórica de la izquierda política, recurrente por otra parte, cuyo proyecto consiste en una idea muy simple: el miedo. Tengo edad suficiente para recordar al ingenioso Alfonso Guerra esgrimiendo la tarjeta de racionamiento en los mítines, y las soflamas de aquel partido socialista en los años noventa contra la vuelta al pasado. Un partido que estaba corrompido, como hoy, hasta los tuétanos. También entonces, como ahora, intentaban tapar la montaña de casos de saqueo de las arcas públicas con la manta del franquismo. 

          Esta estrategia, un tanto mentecata, la seguimos viendo en cada ciclo electoral: las amenazas de que volverán los fascistas por la Castellana, los sobres con balas amenazantes, que resucitará Franco de ultratumba y todas esas zarandajas que, sinceramente, supongo que debe de haber algunas mentes que aun se lo creen, por lo que sea. Sin embargo, cuando cayó Felipe Gonzalez en 1996 no vimos desfiles de botas negras al paso de la oca, como era obvio suponer. Lo que sí vivimos fue una asombrosa etapa de crecimiento económico y en el empleo. Un tiempo que, como todo el mundo sabe, duró hasta aquel trágico atentado de 2004.

          Llevamos casi una década de sanchismo. Una izquierda salvadora y regeneradora (lo entiendo, yo también me río por no llorar), que clama porque cada vez hay más vulnerables, que aúlla porque es necesario ayudar a una creciente pobreza infantil, que se mesa los cabellos por la falta de vivienda, en fin, que se proclama la salvadora de tanta devastación social. No sé si ustedes atisban el tamaño del timo. A cada año que pasa de sanchismo-socialismo, peor pinta el panorama. Y, claro es, la solución pasa porque sigan gobernando ellos para que no vuelva el fascismo-franquismo (siempre la misma monserga). O sea, ni en los primeros capítulos de Barrio Sésamo los guionistas eran tan simplones.

          Esta semana, el ingenioso exindepe de la corte ha montado una party con unos colegas para ganar las elecciones que vengan. Se ve que ha hecho números y observa que cada vez les quedan menos incautos dispuestos a votarles. Uno esperaba que el as de la manga que iba a sacar sería un sólido proyecto social con números, cifras, proyecciones y compromisos. O alguna impresora 3D de la mochila para mostrarnos como se hacen viviendas para pobres. Pero… adivinen de que iba el gran proyecto, pues sí, de eso: de parar a la derecha y al fascismo y los franquistas. Y lo cojonudo es que els quatre gats que asistieron lloraban de la emoción, de lo lúcido de la idea, del inigualable talento del Mesías de denominación de origen Jaén afincado en Cataluña.

          La torpeza histórica es la del discurso rancio y regurgitado una y otra vez, pero hay que reconocerles una cierta habilidad de prestidigitadores y una buena porción de cemento en el rostro, si quiera, porque consiguen no por convencimiento, sino por dinero, un buen número de adhesiones inquebrantables. Cada vez menos, pero con un suelo sólido; uno construido con el dudoso éxito de que su necesidad de supervivencia se basa en el miedo, y en que cada vez haya más personas necesitadas, vulnerables y empobrecidas. Después de todo, en un país próspero, de emprendedores, de gentes que no necesiten su discurso ni sus mentiras quién les iba a votar.   

4 opiniones en “Torpeza histórica”

  1. Pero llegarán las elecciones, querido amigo….y la izquierda seguirá teniendo a sus apesebrados seguidores …. y votantes ….

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