La amenaza persistente

          Vaya por delante mi respeto y solidaridad con todas las personas que de un modo u otro han padecido, padecen o han sufrido las consecuencias de la COVID19, directamente o en su entorno. Y en especial, para aquellas que habiendo superado la enfermedad sufren secuelas de la misma. Uno de estos últimos casos es lo que se conoce como COVID persistente. Una serie de síntomas que no desaparecen y que cursan con: dolor de cabeza, cansancio, malestar general etcétera, en palabras de los afectados.

          Algunos de estos pacientes incluso aseguran quedar incapacitados laboralmente y, en el peor de los casos, como señalaba una señora en televisión hace unos días, puede afectar a todos los miembros infectados en la familia: madre, padre e incluso los hijos pequeños. Por lo que, esta señora solicitaba de las autoridades que se les concediera una paga o pensión por incapacidad para cada uno de los cuatro.  

          Sin embargo, la amenaza que sin duda será persistente es la de la presencia de este coronavirus, y no solo de este que ha venido para quedarse, sino la de aquellos otros de los que la población no tiene noticia, por suerte. Erradicar un virus de la faz de la tierra no es nada sencillo. De hecho, salvo la viruela y la polio poco más ha podido hacer la humanidad para eliminar un virus una vez que ha dado el salto a la especie humana. Y recuérdese que, sólo en España, un virus tan común como la gripe mata a decenas de miles de personas cada año.

          Virus los hay de todos los tamaños y condiciones y, alguno de ellos, como el mamavirus (suena a la abeja madre), es de mayor tamaño que muchas bacterias y cuenta con ADN, algo que lejos de ser anecdótico, los científicos aún no saben qué mecanismos de reproducción y estrategias de desarrollo pueden llegar a tener. Recuérdese que la función de los virus, básicamente, es encontrar un huésped al que infectar para usarlo de fábrica de duplicados del propio virus. 

          Esta bestia viral fue descubierta en la década de los 90 del siglo pasado. En términos de virología lo que viene siendo hace unos días. Se congeló y se identificó como miembro de una familia de virus de la que ya hemos tenido noticia y a la que pertenecen la viruela, el herpes o la peste porcina africana. Si algo nos ha enseñado la COVID19 es lo persistentes y oportunistas que pueden ser los virus en sus estrategias, al igual que muchos humanos.       

            

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